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La interpelación de Jesús |
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Escrito por Miguel Angel Asiain, Sch. P.
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domingo, 07 de febrero de 2010 |
 En este encuentro con Jesús, él nos dirige su pregunta imperiosa “¿Quién dices que soy yo?”. De esta manera la persona de Jesús se convierte en opción, en crisis, en dilucidación de todo lo que uno lleva entre manos: proyectos, anhelos, trabajos, ilusiones, objetivos, realización personal.
Vivir el Reino es poner en crisis todo porque la persona de Jesús se constituye en lo absoluto y definitivo. Todo en la vida ha de ser medido desde esa pregunta, desde Él. Es el interrogante que pende sobre el que hace el camino cristiano. Hay que correr todavía un largo trecho. Las categorías personales aún han de hacer presente en el itinerario de cada uno, pero ya en este momento la palabra de Jesús obliga a situarse, a decantarse, a optar.
Y no podemos permanecer en silencio porque su pregunta nos obliga a responderle. EL silencio es la huida del miedo, o el transigir con la comodidad. Nos vamos dando cuenta de que el camino se hace cada vez más rápido. Y tampoco sirve responder desde lo que los otros dicen, o desde lo que hemos leído, ni incluso desde lo que nos han enseñado. Porque no se trata de quedar bien ni ante los otros –desconocen nuestra respuesta-, ni siquiera ante El –la búsqueda de la buena imagen que le agrade-. Quiere la respuesta que nace de la autenticidad del corazón que no va a medir con una plantilla que contenga la respuesta justa, sino desde el amor de un corazón que acepta la sinceridad de quien se abre a El como el mejor regalo que puede recibir.
Hoy y en tu circunstancia particular, ¿quién es Jesús para ti?
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