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Al finalizar esta primera, Dios tiene que ir polarizando tu vida, tu amor. No hablo de perfección, sino de dinámica. Cuando el corazón se va concentrando en El como el único, necesita expresarlo y dar rienda suelta a sus sentimientos. ¿Le has dicho que le amas, que es tu vida y salvación? Con mirada de Nuevo Testamento tomo el salmo 15 y que te sirva de vehículo de todo lo que sientes por dentro.
Salmo 15 Lo que Dios espera del hombre Señor, ¿quién puede residir en tu santuario?, ¿quién puede habitar en tu santo monte? Solo el que vive sin tacha y practica la justicia; el que dice la verdad de todo corazón; el que no habla mal de nadie; el que no hace daño a su amigo ni ofende a su vecino; el que mira con desprecio a quien desprecio merece, pero honra a quien honra al Señor; el que cumple sus promesas aunque le vaya mal; el que presta su dinero sin exigir intereses; el que no acepta soborno en contra del inocente. El que así vive, jamás caerá.
¿Conoces el riesgo de creer en Él, de fiarte de su Persona? ¿Le buscas a Él, no tu propia seguridad en Él? No cabe duda de que Dios es escudo, fortaleza, defensa, porque quien reposa en sus brazos vive como un niño en el regazo de su madre, pero no buscas la seguridad en Él, sino a Él que da seguridad. ¿Te has dado cuenta de la importancia de las manos de Dios en el Antiguo Testamento? Coge un vocabulario bíblico y repasa algunos textos en los que aparezcan las manos de Dios. Muchas veces no sientes su influjo en cada momento de tu vida, pero cuando ha pasado el tiempo y miras hacia atrás, constatas que lo sucedido ha sido posible porque estabas conducido y llevado por las manos de tu Dios. Entonces comprendes el porqué de la confianza que sentías en medio del riesgo, de la paz en las tentaciones, de la serenidad en las caídas, del gozo en la humillación. A pesar de todo eso Dios no te pertenece; va siendo lo más íntimo de tu ser, pero siempre te sobrepasa. ¿Quién eres tú, mi Dios, y quién soy yo? |